Jim Carrey presenta “Di que sí”

16 12 2008

Jim Carrey está en España por primera vez con motivo de la presentación de la película ‘Di que sí’,  que se estrenará el 19 de diciembre en España; Una comedia dirigida por Peyton Reed, en la que da vida a un personaje mucho más normal que los que ha encarnado en otros de sus films. El actor afirmó durante una rueda de prensa en Madrid que a la hora de elegir un proyecto no piensa en los premios sino en agradar al público.

“Los premios no me motivan, es el público quien te mantiene en esta profesión”, opinó Carrey, que ante la posibilidad de recibir algún día un Oscar señaló que eso sólo ocurre “cuando todos los astros se alían”. “No pienso que merezca ganarlo, sólo pienso en que mi vida fluya como un banquete”, afirmó el actor.

Carrey se encarna en la piel de Carl Allen, un empleado de banca, divorciado y resignado, que no le da oportunidades a la vida para ser feliz. Tras asistir a una reunión de un colectivo que dice ‘sí’ a la vida, liderado por un carismático gurú, decide empezar a ser positivo y a no volver a utilizar la palabra ‘no’. A partir de entonces su vida dará un giro: conocerá a una chica, Zoey Deschanel, conseguirá un ascenso en el trabajo y mejorará su relación con su mejor amigo y con la prometida de éste.

“Esta película tiene un poco de todo, desde la comedia muy física a partes en las que se ve a una persona normal”, dijo Carrey, que en esta ocasión está “más real y menos desorbitado” que de costumbre. “La película tiene una parte muy loca y otra muy humana”, agregó, sobre una cinta que “animará a las personas a ser más positivas”.

“Si todo el mundo dijera sólo a dos cosas sí, iba a cambiar el mundo”, bromeó Carrey, que en ‘Di que sí’, basada en la autobiografía del escritor de comedias inglés Danny Wallace, ha experimentado en sus carnes hacer puenting (“no es algo que haría todos los días”, apuntó), conducir una moto Ducati (Carrey es un entusiasta de las motos), tocar la guitarra o hablar casi perfectamente coreano (“sería genial hablar muchos idiomas, pero no se me dan bien”, reconoció).

Pese a estar basada en la vida de Wallace, el film rinde un pequeño tributo a la ciudad de Los Ángeles y se desarrolla en la parte menos conocida de la ciudad (en el libro ocurre en Londres). Entre los exteriores están el Elysian Park, el histórico Griffith Park Observatory, el Hollywood Bowl y el club Spaceland.

El director explicó que al trabajar con Carrey, quien anunció que está preparando un libro y además se interesa por la pintura, era consciente de “todas las locuras” que éste era capaz de hacer. Acostumbrado a la televisión, donde los rodajes son más rápidos y se improvisa más, Reed dijo que algo parecido ocurre al trabajar con Carrey. “Se le ocurren muchas ideas y hay que ser muy flexible, a veces es difícil seguirle el ritmo”, afirmó, y bromeó al señalar que en el rodaje el actor permanecía “encerrado en una jaula” hasta que le tocaba hacer su papel.

Zoey Deschanel es quien da la réplica y comparte multitud de planos con Carrey en ‘Di que sí’. “Ha sido algo maravilloso y tan positivo”, afirmó la actriz, que ha trabajo en películas como ‘El incidente’ o ‘Puente hacia Terabithia’. La actriz, que además demuestra en el film sus dotes como cantante, también reconoció que fue “bonito” decir “sí” a cosas que antes hubiera dicho “no”, como a montar en moto.





El análisis de “El Show de Truman”

25 11 2008

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El Show de Truman no es una película dramática-cómica más. Tiene algo que cada vez se hecha más de menos en las superproducciones de Hollywood. Tiene un trasfondo filosófico en el que se muestra una sociedad manipulada como la nuestra. La información que nos llega cada día a través de la televisión, la radio, el periódico o Internet (este en menos medida) ha pasado primero por el tamiz de las grandes compañías multimedia, por eso, como pasa en la película, debemos tomar una actitud crítica y escéptica ante las informaciones que nos vienen dadas. Por tanto, ver El Show de Truman es una buena manera de despertar del letargo del Pan y Circo.
 

En la película, Jim Carrey interpreta a Truman Burbank, el elegido para ser estrella de un reality show. Truman está encerrado en unos grandes estudios de televisión, una ciudad creada para él, en la que ha nacido y vive para deleite de la audiencia. Es la vida en directo. Ed Harris es Christof, el “dios creador” de todo ese show, un dios caprichoso y egoísta, que antepone su lucro al propio bienestar de su creación, como se ve al final de la película donde Christof pone al límite a Truman, sin importarle lo más mínimo que pueda llegar a morir por ello.
 

Aunque aparentemente el malo de la película es Christof, no debemos olvidar el elemento necesario sin el que no sería posible “El Show de Truman”, la audiencia. La película nos muestra a una audiencia morbosa y fácilmente manipulable por los productos televisivos, y es esa audiencia la auténtica protagonista, que pese a conocer que el pobre Truman vive en una gran farsa, siguen premiando a los productores con una impresionante cuota de share.
 

Truman vive en la auténtica mentira, donde sus padres, su mujer, su mejor amigo y sus vecinos no son más que actores. Todo un elenco de actores para hacer la vida de Truman un reclamo para la audiencia y embolsarse cantidades ingentes de dinero.
 

Las fases por las que atraviesa Truman en la película son las de una persona que madura en la vida. Primeramente, Truman es feliz en su mundo de juguete, hasta que empieza a cuestionarse todo lo que le rodea. Primero por los fallos de los actores, pero sobre todo por la chica que conoce en el instituto. Es ella quien, en un momento dado, le abre los ojos y le incita a replantearse el rumbo de su existencia. Ella es quien le dice a Truman que lo que está viviendo no es real. Es como el mito de Adán y Eva perdiendo su inocencia.
 

Un punto a tratar aparte es el de la publicidad. Como El Show de Truman no tiene pausas publicitarias se utiliza un recurso muy en boga actualmente como es el product placement. De esta manera, Truman no sólo vive una mentira, sino que vive en un anuncio.  Además, de una forma descarada, los actores hacen constantemente guiños a la audiencia hablando de las bondades del producto a anunciar en cuestión, dándole más importancia a eso que al diálogo que mantienen con Truman. Sobre esto merece mención especial cómo la mujer de Truman ‘vende’ unos utensilios de cocina o el amigo las cervezas.
 

Dicho esto, no deja de sorprender que esta película use el argumento de la manipulación de los medios para manipularnos a nosotros. Es decir, es el pez que se muerde la cola. Nos avisa de que existe una manipulación de todo lo que vemos en los programas de televisión y eso es lo que nos provoca interés para seguir viendo esa manipulación. Es la crítica a la televisión como una máscara que nos muestra una vida bonita, llena de aventuras por resolver con pequeños problemas pero no demasiados. Pero detrás de eso existe una dura realidad de la que somos conscientes pero que no aceptamos e intentamos evadirnos a través del ocio y la diversión. Es lo que sucede en los parques temáticos de Disney. Buscamos la evasión en un mundo infantil, sin problemas y Disney nos lo ofrece pero realmente como herramienta de control social. Otros libros, películas y programas de televisión al igual que El Show de Truman, llevan este mensaje al público. Es el caso de los libros: “The Machine Stops” de M. Foster, “The Futurological Congress” de Stanislaw Lem y “The city and The Stars” de Arthur C. Clarke; las películas: “Logan´s Run” y “La Isla”; y programas de televisión como “Gran Hermano” y “The Cage”.
 

No es un tema nuevo a tratar, pero sí la primera vez que se muestra de manera más clara la manipulación no tanto al propio Truman como al público que ve el show.