El Gran Carnaval

13 01 2009

La finalidad del periodismo sensacionalista es el lucro, que determina sus acciones y movimientos. Por ello es de poco interés plantear su crítica desde la ética o la moral. En el caso de El gran carnaval, relato basado en un hecho real, un accidente ocurrido en Kentucky, en 1925, en el que murió un hombre, Floyd Collins, atrapado en el interior de una cueva y fue Billy Wilder el que lo llevó al cine.

En Estados Unidos este movimiento amarillista comenzó en el momento en que la competitividad de los grandes periódicos por hacerse con el mayor número de lectores y aumentar la venta, se apeló a la fórmula del escándalo, utilizando cuando convenía la invención de noticias, la exageración y el hacer de nimiedades problemas de relevancia. Uno de los sucesos más relevantes fue la distorsión con la que Hearst, el magnate estadounidense de la prensa, que controlaba los diarios “Examiner” y “Morning Journal”, precipitó en 1898 la declaración de guerra a España por parte del gobierno estadounidense. La agencia de noticias internacional “Associated Press” inventó en 1944 un ataque nazi contra una flota mercante brasileña en el Océano Atlántico que impulsó al gobierno de Brasil a hacerse parte de las naciones aliadas contra Alemania. Tras la victoria de la revolución cubana, en 1959, difundió en más de cuarenta oportunidades versiones falsas sobre una supuesta muerte del líder revolucionario Fidel Castro.

Pues esto llevado al extremo, pues se jugaba con la vida de un ser humano, es lo que ocurre en El gran carnaval. Un periodista ambicioso por el poder y el dinero, llega a un periódico de Alburquerque en busca de trabajo tras haber pasado por grandes periódicos pero con la mala de suerte que fue despedido de todos por su mal hacer. Cuando llega a la oficina ve en todas partes “TELL THE TRUTH”, algo que le llama la atención pero que hará caso omiso en su profesión. Pasa el tiempo y ve que las noticias que se dan son muy flojas, no tienen gran interés y un día, de repente, en busca de otra noticia llegan al lugar que le dará la fama. Un hombre se queda sepultado en la montaña de los siete buitres.

La noticia la escribe como mejor queda y no como es. Comprueba que tiene éxito y plantea a arquitectos y al sheriff apuntalar toda la montaña lo que llevará siete días. Es la manera más lenta para rescatarle pero esto beneficiará al pueblo y al propio periodista, son más días de redacción, de turistas, darán buena imagen al sheriff corrupto etc.

Charles Tantum (Kirk Douglas), el periodista, tiene espíritu de auténtico periodista a pesar de no haber estudiado nada, pues él mismo dice que es capaz, en caso de no haber noticias, salir a la calle a morder a un perro. Ahí se juega con el tópico de que la noticia no es el perro que muerde al niño sino que el niño muerda al perro. Pero a Tantum le fallan las formas, su ética periodística, la falta de valor de la verdad y sobretodo su falta de escrúpulos. Entonces se puede plantear que para saber todo esto y ejercer bien la profesión es necesario estudiar la carrera de Periodismo, no es todo saber escribir, hay que tener en cuenta una serie de principios, pues el periodista puede salvar, denunciar, informar y ayudar a la sociedad. Lo más degradante que hace es participar en la noticia.

Él modifica a su gusto la realidad para así elevarse a sí mismo. Y le ocurre lo previsto, “la ambición rompe el saco”, aunque al final, se ve arrepentido de todo el circo montado y se da cuenta que por su culpa una persona ha muerto. Eso no existe en la realidad. Periodistas que hacen mal su trabajo son pocos los que rectifican por sí mismos es también un ejemplo, a pesar de todo.

El título del film no hace ni más ni menos que una caricatura de lo que sucede en ese escenario de incertidumbre por salvar la vida de un ser humano. Pero en realidad no exagera demasiado puesto que alrededor de la montaña donde se encuentra el sepultado, se monta un circo y un gran parque de atracciones. Niños disfrazados de indios, cientos de coches en busca de divertimento y morbo por ver a la víctima.

Toda una crítica feroz al amarillismo, los rumores y en definitiva al mal periodismo. Muy de moda actualmente con la llamada “telebasura”. ¿Habrá un modo de acabar con ello?


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