El análisis de “El Show de Truman”

25 11 2008

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El Show de Truman no es una película dramática-cómica más. Tiene algo que cada vez se hecha más de menos en las superproducciones de Hollywood. Tiene un trasfondo filosófico en el que se muestra una sociedad manipulada como la nuestra. La información que nos llega cada día a través de la televisión, la radio, el periódico o Internet (este en menos medida) ha pasado primero por el tamiz de las grandes compañías multimedia, por eso, como pasa en la película, debemos tomar una actitud crítica y escéptica ante las informaciones que nos vienen dadas. Por tanto, ver El Show de Truman es una buena manera de despertar del letargo del Pan y Circo.
 

En la película, Jim Carrey interpreta a Truman Burbank, el elegido para ser estrella de un reality show. Truman está encerrado en unos grandes estudios de televisión, una ciudad creada para él, en la que ha nacido y vive para deleite de la audiencia. Es la vida en directo. Ed Harris es Christof, el “dios creador” de todo ese show, un dios caprichoso y egoísta, que antepone su lucro al propio bienestar de su creación, como se ve al final de la película donde Christof pone al límite a Truman, sin importarle lo más mínimo que pueda llegar a morir por ello.
 

Aunque aparentemente el malo de la película es Christof, no debemos olvidar el elemento necesario sin el que no sería posible “El Show de Truman”, la audiencia. La película nos muestra a una audiencia morbosa y fácilmente manipulable por los productos televisivos, y es esa audiencia la auténtica protagonista, que pese a conocer que el pobre Truman vive en una gran farsa, siguen premiando a los productores con una impresionante cuota de share.
 

Truman vive en la auténtica mentira, donde sus padres, su mujer, su mejor amigo y sus vecinos no son más que actores. Todo un elenco de actores para hacer la vida de Truman un reclamo para la audiencia y embolsarse cantidades ingentes de dinero.
 

Las fases por las que atraviesa Truman en la película son las de una persona que madura en la vida. Primeramente, Truman es feliz en su mundo de juguete, hasta que empieza a cuestionarse todo lo que le rodea. Primero por los fallos de los actores, pero sobre todo por la chica que conoce en el instituto. Es ella quien, en un momento dado, le abre los ojos y le incita a replantearse el rumbo de su existencia. Ella es quien le dice a Truman que lo que está viviendo no es real. Es como el mito de Adán y Eva perdiendo su inocencia.
 

Un punto a tratar aparte es el de la publicidad. Como El Show de Truman no tiene pausas publicitarias se utiliza un recurso muy en boga actualmente como es el product placement. De esta manera, Truman no sólo vive una mentira, sino que vive en un anuncio.  Además, de una forma descarada, los actores hacen constantemente guiños a la audiencia hablando de las bondades del producto a anunciar en cuestión, dándole más importancia a eso que al diálogo que mantienen con Truman. Sobre esto merece mención especial cómo la mujer de Truman ‘vende’ unos utensilios de cocina o el amigo las cervezas.
 

Dicho esto, no deja de sorprender que esta película use el argumento de la manipulación de los medios para manipularnos a nosotros. Es decir, es el pez que se muerde la cola. Nos avisa de que existe una manipulación de todo lo que vemos en los programas de televisión y eso es lo que nos provoca interés para seguir viendo esa manipulación. Es la crítica a la televisión como una máscara que nos muestra una vida bonita, llena de aventuras por resolver con pequeños problemas pero no demasiados. Pero detrás de eso existe una dura realidad de la que somos conscientes pero que no aceptamos e intentamos evadirnos a través del ocio y la diversión. Es lo que sucede en los parques temáticos de Disney. Buscamos la evasión en un mundo infantil, sin problemas y Disney nos lo ofrece pero realmente como herramienta de control social. Otros libros, películas y programas de televisión al igual que El Show de Truman, llevan este mensaje al público. Es el caso de los libros: “The Machine Stops” de M. Foster, “The Futurological Congress” de Stanislaw Lem y “The city and The Stars” de Arthur C. Clarke; las películas: “Logan´s Run” y “La Isla”; y programas de televisión como “Gran Hermano” y “The Cage”.
 

No es un tema nuevo a tratar, pero sí la primera vez que se muestra de manera más clara la manipulación no tanto al propio Truman como al público que ve el show.

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